POR J. IGNACIO FERRER, PSICÓLOGO. DIRECTOR DE SECTOR DEL JUEGO, TALENTYOC Y EXPOJOC.
El dato debería hacernos reflexionar: las actividades de juegos de azar y apuestas registraron un 11,4% de absentismo durante el segundo trimestre de 2026, según Randstad Research. Una cifra que sitúa al sector entre las actividades con mayor nivel de absentismo laboral en España.
Más allá de la estadística, convendría preguntarse qué hay detrás de ese porcentaje.
Porque hablar de absentismo no es solamente hablar de horas que no se trabajan, turnos que hay que reorganizar o costes de sustitución. También significa hablar de personas, de equipos sometidos a determinadas condiciones de trabajo y, en algunos casos, de problemas que quizá podrían detectarse antes de que terminen convirtiéndose en una baja laboral.
El sector del juego, al igual que ocurre con la hostelería, trabaja en muchos casos con turnos rotatorios, horarios nocturnos, atención permanente al cliente y una actividad que exige mantener determinados niveles de concentración y responsabilidad. Son características que hacen especialmente relevante la gestión de los riesgos psicosociales.
Y aquí creo que existe una oportunidad.
No se trata únicamente de cumplir con la prevención de riesgos laborales cuando toca realizar una evaluación o actualizar determinada documentación. La prevención debería ser también una herramienta de gestión: permitir conocer qué está ocurriendo dentro de los equipos, identificar señales de riesgo con suficiente antelación y actuar antes de que un problema termine afectando a la persona, al equipo y, finalmente, a la cuenta de resultados.
Quizá el futuro pase precisamente por ahí: convertir la prevención psicosocial en una herramienta capaz de anticiparse al absentismo, y no limitarse a analizar sus consecuencias cuando ya se ha producido.
Existen soluciones y modelos de negocio que pueden explorar esta vía combinando prevención, seguimiento y capacidad de intervención, siempre desde la confidencialidad, el respeto a los trabajadores y con profesionales cualificados.
La cuestión, por tanto, no debería ser únicamente cuánto nos cuesta el absentismo.
La pregunta debería ser cuánto estamos dispuestos a hacer para evitar que llegue a producirse.
Porque en una industria en la que la continuidad de la operación depende directamente de sus personas, cuidar de los equipos también puede ser una forma de proteger el negocio.









